Con referencia al castigo a los hijos, les quiero contar una historia. Un día a mi hijo mayor le quedaron 9 de 11 materias, todos en la casa esperaban que yo llegara para que le diera un castigo y le pegara por lo que había hecho.

Le habían metido en la cabeza la idea de que yo le iba a pegar muy severamente, realmente eso querían todos que yo hiciera. Yo llegué, me contaron la situación y me reacción fue inmediata, fui a su habitación y cerré la puerta.

Él estaba pálido, asustado, nervioso, era primera vez que le pasaba esto en el colegio. Le dije que se arreglara rápido que íbamos a salir de la casa para arreglar la situación afuera.

Mientras íbamos en el carro le dije – ¿Si no estuvieras castigado a qué lugar te gustaría ir? – Me miró un poco nervioso y no me respondió. – Dime tranquilo a qué lugar te gustaría ir, cualquiera que sea el sitio – Le dije. – Friday’s- Me contestó.

Llegamos a Friday’s, nos sentamos en una mesa, él estaba confundido, enseguida le mostré los mensajes y las llamadas que me habían hecho todos para que lo castigara por su falta en el colegio.

Le dije que tenía dos opciones la mía o la de la mamá que era el castigo, pero debía elegir una. Las opciones eran: – Ser castigado acorde a la falta. – Comer todo lo que le diera la gana ahí, incluido los postres, pero cumplirme un trato.

Obviamente acepto mi oferta, esa noche comió, se le fue el miedo, sonrió, hablamos suficiente, en ese momento me contó que recibía bullying por su peso. Ahí vi cuál era la falla escolar.

Le dije varias cosas, entre ellas; que nunca hiciera lo incorrecto, que los estudios eran para él y por él no por mí ni por nadie. Que cuando le obligaran a hacer algo y todos le dijeran que era correcto, que él era quien debía verificar por su cuenta la justicia de ese acto.

Que le demostrara a los demás que con la violencia no se arreglaban las cosas, y que no me defraudara, porque yo, le había llevado la contraria a toda la familia porque confiaba en él.

Llegamos a la casa y todos estaban sorprendidos porque él llegó tranquilo y yo impuse que no le quitaran nada. Pasó el tiempo, recupero TODAS las materias y se volvió a convertir en el alumno inteligente que era.

Nadie en la familia jamás volvió a decirme cómo criar a mis hijos bajo la perspectiva que ellos creían era la correcta, lo hacían antes porque yo fui padre desde muy joven.

Hoy tuve una video llamada con mi hija donde me quería contar algo que había hecho él en el colegio donde está en estos momentos, en otro país.

Una muchacha botó su celular y él lo encontró, la buscó y se lo dejó con la maestra de su clase. La niña lo buscó por medio de mi hija para darle una recompensa por su gesto y él la rechazó tajantemente.

Él le dijo a la muchacha; – Hacer lo correcto es una cuestión de valor y moralidad, no de dinero. Hoy el colegio le hizo un agradecimiento público ya que querían marcar referencia, ya saben por lo qué mi hijo es venezolano y aparte de honrado no acepto el dinero.

No es cuestión de nacionalidades, hacer lo correcto es una cuestión del ser humano, son más los que están por el mundo haciendo el bien que los que hacen lo contrario.

La moraleja de esto es que con la violencia puedes creer que educas a tus hijos, pero la verdad solo refuerzas sus miedos. El respeto es una cosa y el miedo es otra, con la violencia solo creas es el miedo.

Fin…

Esta anécdota es real…

pertenece a mi amigo virtual @yosoycastrillon (así lo consiguen en twitter).

Cuéntenme que les parece y por favor pasen por su cuenta y le dicen que van de aquí, de mi blog.

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